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jueves, 27 de abril de 2017

JOSEFA PARRA - POETA ANDALUZA




Buenos días, tristeza


A veces llega la tristeza. Trae
las alas suaves de conformidades,
los ojos bajos y la piel desnuda,
y parece tan fácil entregarse,
despojarse, poner bajo sus plantas
el reino, los poderes y las armas,
el amor sobre todo, y esos últimos
retales que nos quedan de alegría.
A veces gana la tristeza; entonces,
qué lujo de matices su victoria,
qué fasto de sus grises y sus pardos
ocupándolo todo.
Buenos días,
-he de decir-, tristeza, aquí me tienes.


De "Alcoba del agua" 2002



Frederick Carl Frieseke


Poeta española nacida en Jerez de la Frontera, (Cádiz) en 1965. Es una de las nuevas voces de la poesía femenina española. 

Es columnista de opinión en prensa diaria y revistas de literatura. Además de ser incluida en diversas antologías, poemas suyos han sido traducidos al portugués, al francés y al árabe.

La poeta jerezana trabaja en la fundación de su paisano José Manuel Caballero Bonald. 


«Por supuesto que me ha influido su poesía y también la de Ángel González y Jaime Gil de Biedma». Al igual que estos poetas de la generación del 50, Josefa Parra considera que «los versos deben ser un instrumento de cambio».


Una de sus máximas consiste en escribir unos textos que «lleguen a los lectores, porque al público hay que camelárselo, mimarlo, quererlo y conquistarlo, ya que los versos deben comunicar, pero sin perder sus valores estéticos».

A pesar de su juventud, Josefa Parra es una muestra de la notable tradición literaria de Cádiz, no sólo por su excelente trabajo poético sino también por su constante contribución al engrandecimiento cultural de su país.


***


Frederick Carl Frieseke


Cosas que no tendremos


Cosas que no tendremos:
Las mañanas de abril largas de amor y sueño.
Las tardes de noviembre con lluvia interminable.
Las noches del verano tercamente estrelladas.
Todas las madrugadas dulcísimas de otoño.

Cosas que me he perdido:
No sabré del sabor de tu boca dormida.
No acunaré a tus hijos. No beberé tu vino.
No lloraré contigo viendo ningún ocaso.
No me amanecerá tu vientre entre las sábanas.

Tengo todo un tesoro de lagunas y ausencias,
un muestrario completo de páginas en blanco.


De "Alcoba del agua" 2002



***


De los sueños


¿Qué dirías si hoy te invitara a mis sueños?
Tus labios de manzana
sobre la piel golosa de mis ingles
toda la noche -di, ¿qué pensarías?-,
tu saliva frutal levemente aromando
el hambriento contorno de mi vientre...
Qué cosecha tan dulce
(semillas y caricias y extravíos)
para un mundo sin sol.
Dime, ¿no acudirías
si también esta noche te convoco a mis sueños?


De "Alcoba del agua" 2002


***


Máscaras


Entre todas las gentes a diario tu rostro
se camufla con gestos comunes. No hay señales
de tus silencios suaves, del temblor de tus labios
debajo de los besos o en la urgencia del sexo.
Máscara de ti mismo, te disfrazas y niegas
el delicado estigma de tu parte más frágil.
Sólo tus ojos siguen, valientes, declarando
la emoción que te vence en la alcoba del agua.


De "Alcoba del agua" 2002



I -DEL TACTO


Acércate despacio a mis dominios;

que tus dedos tanteen el espacio

ciegamente, la oscuridad que envuelve

mi cuerpo; que construyan un camino

y lleguen hasta mí a través del velo

espeso y taciturno de las sombras.

Sálvame con la luz que hay en tus dedos

si me tocan, conjura la desidia,

enciéndeme o abrásame en el tacto

esplendoroso y claro de tus manos.

Como las mariposas de la noche,

hacia la llama iré que tú convocas,

que prefiero quemarme a estar a oscuras.


II -DEL OLFATO

La vainilla; el espliego; el verdín; la canela.

A veces un aroma delgado como de agua,

como de nube o lluvia; a veces un violento

perfume que recuerda la piel de una gacela,

el sudor y la sangre de un animal en celo.

Pero siempre, al final, la vainilla, el espliego...


III -DE LA VISTA

Para tus ojos.

Para tus ojos fieramente abiertos.

Para tus ojos fijos.

Para tus ojos con caudal de fiebre.

Para tus ojos grandes.

Una orquídea de carne voluptuosa

para tus ojos ávidos

con vocación de abejas.


IV -DEL GUSTO


Hay sal sobre los labios. En la lengua,

un resto de naufragios y sirenas,

tal vez algas, y el gusto de los fondos

espumosos y verdes del océano.

El sexo siempre sabe a mar de invierno,

a galernas en medio de la noche.


V -DEL OÍDO

Se levanta tu voz, se enrosca y se estremece,

serpiente y remolino, se enzarza en mis cabellos,

sube aún, se engrandece, se enajena en rugido

y pierde la noción del trino o la palabra.

Eres otro en tu voz. No conozco a ese hombre

que grita en el placer, delicioso extranjero

que habla lenguas angélicas en una cama impura.


Frederick Carl Frieseke




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