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sábado, 20 de agosto de 2016

LAS CARTAS DE AMOR DE PAUL ELUARD A GALA - AMOR MÁS ALLÁ DEL TIEMPO

"Solamente deseo amarte
una tempestad llena el valle
un solo pez el río

Te he hecho
a la medida de mi soledad
todo el mundo para esconderse
días y noches para comprenderse

Para contemplar en tus ojos
todo lo que pienso de ti
y de un mundo hecho a tu imagen

Y las noches y los días gobernados por tus párpados."
Paul Eluard


Gala y Paul Eluard, 1927


Paul Eluard siempre amó a Gala, incluso mucho después de que ya no fuera su mujer, de que se alejara del grupo surrealista, de que pareciera tomar caminos muy alejados de los que él perseguía, a pesar de la mala salud y de las dificultades económicas y de los otros amores. 

A pesar de que Gala era la conocida mujer de Dalí, siguieron vinculados, se escapaban para verse y sobre todo se escribían cartas de las que, por desgracia faltan las de ella, porque Eluard las quemó.

Leerlas es internarse en un mundo íntimo donde se mezcla el deseo más intenso con las necesidades más cotidianas o las fragilidades inesperadas que tan a menudo se mueven debajo de los grandes sueños o las grandes obras. Es contemplar el magnetismo de una mujer que influyó en muchos hombres y que nunca quiso renunciar a nada, atreviéndose a casi todo desde su primera juventud, cuando fue capaz de atravesar una Europa en guerra y consiguió llegar, sola, a aquel sanatorio suizo donde conoció a Eluard.

Aquella Gala tan denostada y reivindicada, la musa, a la que sólo venció la vejez, que tanto temía.


Una brisa de danzas
por un camino sin fin
los pasos de las hojas más veloces
las nubes esconden tu sombra.

La boca de fuego de armiño
de hermosos dientes el fuego
caricia color de diluvio
tus ojos persiguen la luz.

El rayo rompe el equilibrio
las lanzaderas del miedo
dejan caer la noche
al fondo de tu imagen.


Eluard

Gala en 1931





En 1928, Paul Eluard le escribió a Gala:


"Mi amor querido, mi dulce amor, sigo en cama. Acabo de tener un sueño maravilloso, uno de esos sueños diurnos donde las emociones físicas te dejan al despertarte toda la parte correspondiente al deseo... y el deseo que arrastras después, ya despierto, se parece tanto al placer del sueño. Estaba tumbado en una cama al lado de un hombre que no puedo identificar con seguridad, pero un hombre sumiso, soñador desde siempre y para siempre y silencioso. Le doy la espalda. Y tú vienes a tumbarte cuan larga eres pegada a mí, me besas los labios dulcemente, muy dulcemente y yo te acaricio bajo el vestido los senos, fluidos, tan vivos. Y tu mano pasa, muy despacio, por encima mío, busca al otro personaje y se aposenta en su sexo. Lo veo en tus ojos, que se turban lentamente, cada vez más. Y tu beso se hace más cálido, más húmedo, y tus ojos se abren más y más. La vida del otro pasa a ti y al poco rato es como si masturbaras a un muerto. Me despierto, ligeramente ebrio, incapaz de renunciar al placer..."


***


En 1930, Paul Eluard le escribió a Gala:


" .. Mi Gala, porque no podría vivir si no fueras mía. Pienso incesantemente en ti, pero te echo de menos de tal forma que si tuviera dinero me iría a vivir a un hotel. No sabes, te sería difícil hacerte una idea de la atmósfera de este apartamento que en verdad quise para ti y que tan poco has vivido y en invierno. Y los alrededores, la esquina de la calle que hemos doblado juntos, todo lo que he soñado: dónde llevarte, tus vestidos, tu placer, tu sueño, tus ensueños, todas las torpezas que he cometido, todo lo que deseaba reparar. Todo es siniestro, todo es horrendo. En mí la idea de la muerte se mezcla más y más con la del amor. 

Te creo perdida. ¿Por qué estás tan lejos? Hace diecisiete años que te amo y tengo todavía 17 años. (…) Si supieras cuánto deseo verte, cuánto me gustaría tenerte conmigo. Sé muy bien que no puedo retenerte, que la abominación de la vida en común no es para nosotros, pero siento como si hiciera años que no te tengo. Y he perdido el gusto por la vida, por los paseos, el sol, las mujeres. Sólo he conservado el sabor amargo y terrible del amor. Si pudiera estrecharte entre mis brazos volvería a ser el que he sido para ti en algunos momentos. Te adoro, sólo tú existes desde toda la eternidad. Mi pequeña Gala, hermosa, querida mía, maia dorogaia, mi pequeña, mi amor, me muero de estar sin ti.."


" .. Si pudiera estrecharte entre mis brazos volvería a ser el que he sido para ti en algunos momentos. Te adoro, sólo tú existes desde toda la eternidad. Maiakovski se suicidó por penas de amor, por una mujer que se ha casado con un diplomático polaco. Pero en la carta que ha dejado no dice una sola palabra sobre esta mujer, y a su mujer, a la hermana de Ella, le dice «Lili, ámame». Lloré al leerlo. Tú lo sabes."



Salvador Dalí - retrato de Paul Éluard (1929)


En 1933, le escribió esta carta:


"Mi pequeña alondra, mi rica almendra, mi dorogoi, maia crasiva Galochka, gracias por tus cartas. Todo lo que me dices yo también lo pienso, por la mañana al despertarme, por la noche al dormirme y a cada minuto se repite en mi tu nombre: Gala, que quiere decir: amo a Gala. Hace veinte años que te amo, somos inseparables. Si un día estas sola y triste, ese día me encontrarás. Porque no quiero, pese al giro desesperado que ha tomado mi vida, que seas abandonada. Siempre tuyo. Si debemos envejecer, no envejeceremos separados. Soy un maldito imbécil pesimista pero vivo para ti. Si renunciara a vivir tu serias la causa, o más bien sería mi amor desesperado por ti lo que me mataría, mi única grandeza está en tu dicha, en tu vida, en las plantas que cultivas, en tus juegos, en tu coquetería, en "tus amores". 

Mi Gala eterna, si he sido malo contigo es porque siempre estaba insatisfecho, insatisfecho, insaciable. La dicha en el amor, que no me hagan reír.

Estoy orgulloso como un rey de lo que me dices de mis poemas. Ya sabes que es el único elogio que me afecta. Por ti voy a reanudar de inmediato el trabajo.

(…) Mi niña pequeña, sé buena y alegre. Mientras te ame -y te amaré siempre- no tienes nada que temer. Eres toda mi vida. Te cubro terriblemente de besos."




PAUL ELUARD

Seudónimo de Eugène Grindel, poeta francés nacido en Saint-Denis el 14 de diciembre de 1895.
A la edad de dieciséis años suspendió estudios para recibir tratamiento durante dieciocho meses en un sanatorio suizo. En 1920, después de participar en la I Guerra Mundial, inició una fulgurante carrera literaria uniéndose a Breton, Soupault y Aragon, con quienes impulsó el movimiento surrealista, convirtiéndose en uno de sus más importantes figuras.
En 1927, invitado por Salvador Dalí, viajó a Cadaqués junto a su esposa Helena Diakonova (Gala), quien luego lo abandonó para unirse al pintor. 
Durante la ocupación alemana en Francia, alejado del surrealismo y militando ya en el comunismo, se convirtió en uno de los escritores más relevantes de la resistencia. 

Falleció en Charenton-le-Pont en noviembre de 1952.





Quedó inmortalizada en los poemas y las cartas de su primer marido Paul Eluard, en los retratos de Max Ernst y en las pinturas de su segundo gran amor, Salvador Dalí.

¿Quién era verdaderamente Gala? ¿Por qué dejó a Paul Eluard y a su hija para correr tras un artista egocéntrico sin futuro diez años menor que ella? ¿Cuánto contribuyó ella a que las vidas de estos hombres fueran excepcionales? ¿Existen las musas?





"te amo sólo a ti, la más bella y en todas las mujeres sólo a ti te encuentro: toda la Mujer, todo mi amor tan grande, tan simple."

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