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jueves, 18 de agosto de 2016

CONVERSACIÓN CON ANNEMARIE DAGERMAN, UNA NIÑA EN LA REVOLUCIÓN ESPAÑOLA


Annemarie Dagermans, 2012


Annemarie Dagerman es viuda del escritor sueco Stig Dagerman (1923-54) e hija de los anarquistas alemanes Ferdinand y Elly Götze. Relegada a viuda del famoso escritor pocos son los que saben que vivió los hechos de la revolución en Barcelona en primera persona.



Per Lindblom y Albert Herranz | Periódico cnt


Annemarie Dagerman fue una de los muchas niñas que en la agitada Europa se vio obligada a crecer y adoptar compromisos de adulto muy pronto. Desafiando la nieve y el frío Per y yo nos dirigimos a su casa en Sundbyberg para hablar de sus experiencias en Barcelona durante la Guerra Civil. Annemarie llegó junto a su madre, Elly Götze, a Barcelona en 1934.

Mientras tomamos café y rompemos el hielo hablamos de su militancia en la SAC junto a Stig Dagerman. Militancia que se acabó en la década de los años cincuenta del siglo pasado cuando la SAC abandonó la AIT. Stig y ella abandonaron el sindicato “porque no queríamos pertenecer a un movimiento limitado a una sola nación”.


Annemarie tenía diez años cuando llegó a Barcelona. "Yo era alta y delgada como un poste. Durante la guerra civil española los compañeros pensaban que yo tenía dieciocho años y que era mayor de lo que realmente era. No quiero presumir, pero yo siempre he sido muy popular, dice Annemarie, riéndose. Tal vez por eso llegué a vivir tantas cosas."


Annemarie nació en Leipzig (Alemania) y la familia se centraba en la figura de su abuela Anna Götze. Anna Götze había experimentado una larga evolución política. Primero fue socialdemócrata para unirse a los espartaquistas y más tarde el Partido Comunista para finalmente recalar en los anarcosindicalistas de la FAUD. Anna tuvo tres hijos. El mayor, Ferdinand y su hija Irma era anarquistas, mientras que el hermano menor, Waldemar, era comunista. Ferdinand conoció a Elly, la madre de Annemarie, en las juventudes libertarias. En 1924 nació Annemarie. Todos ellos vivían juntos en la casa de Anne Götze. Las discusiones en la familia eran muchas y acaloradas. Sólo ante la amenaza nazi se mantenía unida la familia. Con la llegada de los nazis al poder Ferdinand se convirtió en uno de los principales activistas de la clandestina FAUD. Perseguido por los nazis Ferdinand se vio obligado a dejar Alemania. Su mujer y su hija, Annemarie, le seguirían más tarde, en 1934. 


Justo antes de salir del país Annemarie ayudó a su tío a transportar documentos en su maleta escolar. “Mi tío era un comunista, y yo les ayudé. Yo había ocultado sus documentos en la bolsa y los dejé en un lugar preestablecido. Esto fue justo antes de irme a España”.


En el otoño de 1934, Elly, la madre de Annemarie, llega a Barcelona y más tarde, manda buscar a su hija. Annemarie llegó a la ciudad junto al anarquista Karl Brauner, novio de su tía Irma. Su entrada fue dificultosa: acababa de estallar la revolución de Asturias y la frontera española con Portbou estaba cerrada. Finalmente, después de dormir en tiendas de campaña, pudieron atravesar la frontera y llegar a Barcelona.


En Barcelona, vivirían en la calle de la Costa en el barrio de Sant Gervasi. Gracias a los contactos de su madre, Annemarie comenzó a ir a la escuela alemana. Barcelona hervía de elementos nazis y una de las compañeras de clase fue la hija del cónsul general de la Alemania nazi. Annemarie mantenía un perfil bajo a la hora de hablar sobre la afiliación política de sus padres. En la ciudad también había muchos refugiados políticos alemanes. En Alemania, los comunistas formaban la mayoría de los activistas políticos. En Barcelona la situación política local era distinta y eso produjo grandes tensiones entre los refugiados alemanes. A pesar de que los comunistas era la ideología dominante entre los refugiados alemanes, su papel político en Barcelona era insignificante. En cambio, los anarquistas alemanes a pesar de ser una minoría entre los refugiados ejercieron una gran influencia debido a sus estrechas relaciones con la CNT.







Los anarquistas alemanes en el exilio habían formado la organización del DAS (Deutsche Anarcho-Syndikalisten im Ausland), que tenía unos 50 miembros. La madre de Annemarie Elly presidió la organización. Su función dentro de la organización le dio prestigio y contactos importantes, pero también fue un papel difícil. La ciudad estaba llena de espías nazis y los comunistas alemanes no escatimaban esfuerzos para conspirar contra los anarquistas.


En julio de 1936 el ejército lleva a cabo un golpe de Estado. La respuesta popular desbordó a los militares en varias poblaciones. En Barcelona, el pueblo construyó barricadas y se defendió. Annemarie, con doce años, recuerda aquel domingo 19 de julio: “Habíamos tenido algunos amigos de visita. Poco después de dejar la casa volvieron. Nos dijeron que era imposible bajar a Barcelona. ‘La gente está construyendo barricadas en Sant Gervasi’. Y todos quisieron dejar la casa y ver lo que sucedía. A mi no me dejaron venir, tuve que quedarme a guardar la casa”. 


Los días que siguieron a la victoria frente a los fascistas y los militares fueron días de confusión y alegría por el triunfo. “La noche que comenzó la revolución la gente de la CNT y la FAI tiraron una de las primeras bombas en la iglesia al lado de la plaza Lesseps. Era una iglesia grande. Sacaron a la calle los ataúdes con los santos y las monjas. También expusieron… ¿se llama garrote? Instrumentos de tortura que había en los conventos. Los anarquistas los exponían en la calle para que todo el mundo supiera la crueldad con la que actuaba la iglesia”.


En Barcelona, afianzada en parte la revolución, ​​los anarquistas trasladaron gran parte de su organización a la que había sido la sede de los empresarios catalanes, abandonada por sus propietarios después de los combates el 19 de julio. La casa ubicada en la Vía Layetana se llegó a conocer como la casa CNT-FAI. Además de la CNT y la FAI tenían sus locales diversos grupos y sindicatos que pertenecían a la AIT. El grupo alemán DAS se encargó de las emisiones de radio y periódicos de habla alemana.


Los padres de Annemarie, Ferdinand y Elly dedicaban todo su tiempo a la revolución libertaria. Annemarie se quedaba a menudo sola: “Mis padres desaparecieron engullidos por la actividad febril del momento y yo tenía que cuidarme por mi misma. Iba a comer a las iglesias es decir, en las iglesias que quedaban y donde los anarquistas habían habilitado salas comedores. Había mucho pan, incluso se desperdiciaba, en vez de lavar los platos se limpiaban arrebañándolos con pan. Desgraciadamente la situación no duró mucho tiempo. Suelen decir que ‘para ganar una revolución tienes que poder dar pan el día después. Si no lo puedes hacer, la pierdes’.”

La guerra se estancaba en el frente de Aragón. En los demás frentes, el desenlace era incierto. 


Los aviones alemanes e italianos comenzaron a bombardear Barcelona: “Se bombardeaba a la ciudad desde el mar, desde el aire con los aviones italianos y alemanes. Nos podían bombardear desde el aire y el mar a la vez. Nunca me metía en los refugios, solían caminar a los largo de las paredes de los edificios. Si estabas en el metro, no te dejaban salir hasta que el bombardeo se acababa”.


Uno de los recuerdos más nítidos de Annemarie fue el entierro de Durruti el 23 de noviembre de 1936. Más de medio millón de personas rindieron homenaje al cortejo fúnebre con los restos de Durruti. Annemarie y su madre, Elly, estaban mirando la multitud junto a Emma Goldman desde el balcón de la casa CNT-FAI. Alguien, cuando el cortejo se puso en marcha les preguntó si querían acompañar el cortejo. Emma Goldman no quiso ir. Bajaron a la calle y llegaron al coche abriéndose paso entre la multitud. 


El ambiente era tenso y la gente estaba nerviosa. “Cuando iba a meterme dentro del coche cerraron la puerta de golpe. Tan fuerte que mi dedo quedó aplastado. Entonces no era como ahora... el dedo sangraba y me dolía. Era terrible y encima durante un entierro. No me quedó otro remedio que llorar y esperar a ir al médico. Mira mi dedo.” Nos muestra un dedo todavía curvo, como si fuera un gancho, 75 años después del accidente.


En la primavera de 1937 los comunistas se sintieron al fin con fuerzas para agredir a la revolución social. El 3 de mayo de 1937 los comunistas con ayuda de tropas republicanas atacaron la Telefónica en plaza de Cataluña. Consiguieron hacerse con la planta baja pero fueron rechazados. La noticia del ataque corrió como la pólvora y el pueblo alzó barricadas. La situación era complicada. Muchos cenetistas vieron al fin la oportunidad de arreglar cuentas con los comunistas. 


Sin embargo, los líderes de la CNT dudaban en golpear con fuerza. La Unión Soviética era el único Estado que ayudaba al bando republicano ¿Podría pagarse ese precio? Después de unos días de lucha los comunistas, que no ganaron, consiguieron sin embargo debilitar la fuerza cenetista y las purgas comenzaron. Sin atreverse a atacar frontalmente a la CNT sí dejaron caer todo el peso de su represión sobre POUM y los anarquistas extranjeros. Los anarquistas que procedían de otros países normalmente poseían pasaportes y documentos falsos cosa que les hacía ser un objetivo fácil para la supuesta legalidad comunista. Los comunistas alemanes habían elaborado listas desde el inicio de la guerra. 


El padre de Annemarie, Ferdinand Götze, sabía que le buscaban y se mantuvo alejado del hogar. Los nazis le perseguían en Alemania y en España, los comunistas. Un día, estando en casa la madre de Annemarie, Elly y la hermana de ésta, Irma entró la policía en casa. “Era la policía secreta alemana. Registraron toda la casa. A mi me habían dado una pistola de señales para disparar y así poder avisar a mis padres. Se la llevaron. Fue lo único que encontraron eso y algunos papeles personales. Se llevaron a mi madre. Sabían quien era y que era anticomunista. Y como la desgracia quiso que mi tía estuviera en casa ese día también se la llevaron.”


Annemarie quedó sola en casa acompañada de un policía por si el padre volvía. Con el padre en la clandestinidad y la madre detenida, Annemarie estaba sola en Barcelona. Sabía, por experiencias anteriores, que podía llevarle comida a su madre en la prisión. 


Annemarie preparó un paquete de comida. “Preparé un poco de comida y fui a la cárcel secreta de los comunistas que estaba en el Portal de l'Àngel donde estaban mi madre y mi tía encerradas. La prisión la vigilaban unos chicos jóvenes, recién llamados a quintas. Los comunistas no hablaban su idioma pero yo, que entonces hablaba tanto catalán como castellano, sí podía hacerlo. Insistí en que tenía que entrar para darle la comida a mi madre y finalmente me dejaron pasar. Una vez dentro me dijeron que mi madre estaba siendo interrogada. Y luego vino otro guardia que dijo que era español. 'A otro con ese cuento' pensé. Reconocí enseguida a la persona que estaba delante mía. Se trataba de un camarada de mi tío, que era comunista, de Leipzig. Annemarie les había ayudado a introducir octavillas de propaganda clandestinas muchos años antes. Al principio no me reconoció, había pasado muchos años y yo era una niña entonces. Gracias a ello soltaron a mi madre. O sea fue de pura chiripa. Mi tía quedó prisionera. No era política pero su marido era anarquista. Más tarde me enteré que mataron al comunista que ordenó la liberación de mi madre. Le mataron los suyos. El ambiente en Barcelona había cambiado. Yo me encargaba de mantener el lazo de mi familia con la CNT y la AIT. La entrada principal de la Casa CNT-FAI estaba tan vigilada que tenías que entrar en una puerta más abajo, en el ”lado” de la FAI. Yo me conocía la casa al dedillo y ya estaba acostumbrada a la clandestinidad de cuando vivíamos en Alemania. Se puede decir que me sabía la letra de memoria.”


Los bombardeos continuaban sobre Barcelona y los refugiados de distintos lugares de España no paraban de llegar. “Una casa de mi barrio recibió un impacto directo. 40 personas murieron. Todos. Sólo quedó un enorme agujero negro. Toda Barcelona olía a cadáver.”


Barcelona era demasiado peligrosa para una niña y la madre decidió enviar a Annemarie a París donde viviría con unos compañeros rusos amigos de la familia. Puso a Annemarie en un tren hacia la frontera francesa. Annemarie viajaba acompañada de un amigo alemán. En la frontera hubo problemas y los franceses no quisieron dejar pasar a la niña sola. La enviaron de vuelta a Barcelona.


“En el camino de regreso conocí a tres anarquistas búlgaros que iban a España a luchar. Antes de llegar a Barcelona se cambiaron de ropa y se pusieron esas camisas negras alzadas que los anarquistas rusos suelen llevar. El problema era que los fascistas también solían llevar camisas negras. Les quise advertir pero no me hicieron caso. Creo que acabaron luchando en una columna anarquista. No los volví a ver.”

La madre Elly quedó sorprendida cuando vio a su hija aparecer de nuevo en casa. Sin embargo, la decisión estaba tomada y Annemarie no debía quedarse en Barcelona.


La famosa escritora austriaca Etta Federn había sido vecina de los Götze. Militaba en Mujeres Libres y había trabajado como profesora en una de sus escuelas que estaba en Paseo de Gracia. Annemarie conocía la escuela. Debido a los bombardeos Etta se había trasladado a Blanes. Quedó decidido que Annemarie se iría a vivir allá.

Etta Federn se encargaba de cuatro escuelas de Mujeres Libres en Blanes. Annemarie fue una alumna más aunque a veces ayudaba a Federn en su tarea de enseñar.


Etta Federn dejó Blanes y Cataluña en 1938 y se trasladó a París. Annemarie volvió a Barcelona. La madre de Annemarie trabajaba para la Cruz Roja, trabajo que le mantenía a salvo de los comunistas. El padre de Annemarie, Ferdinand, había huido de España haciéndose pasar por estudiante holandés. Una vez en Francia había continuado hasta Noruega. Finalmente, a bordo de un coche de la Cruz Roja. “De todas formas, los alemanes y los italianos atacaban también a la Cruz Roja como al resto de los refugiados. En la frontera volvimos a tener problemas. Los funcionarios de aduanas franceses no querían dejarme pasar. Se pensaban que mi madre intentaba pasar con una niña española. Entonces sólo hablaba catalán y castellano.”


Finalmente, pudieron pasar y desde París se trasladaron a Noruega. La familia al fin volvía a estar reunida. Sin embargo, en 1940 los nazis invaden Alemania y la familia Götze se ve obligada a huir de nuevo. Esta vez a Suecia. “Mis padres pasaron a la frontera montados en un autobús finlandés. En el autobús había muchos niños. Algunos fueron heridos cuando los alemanes dispararon contra el autobús. Debido a ello no les dejaron continuar en el autobús. Yo, por mi parte, como me habían operado de unas heridas en los pies pues se me congelaron en Barcelona cuando retiré nieve de nuestro tejado no podía caminar bien pasé la frontera en el coche de un sueco que llevaba a su hija y su mujer noruega. Me dejaron sola al otro lado de la frontera. Llegué a Karlstad que es donde habíamos decidido reencontrarnos toda la familia en caso de separarnos. Allí no había nadie. Al principio de estar en Suecia no sabía donde estaban mis padres, ni ellos donde estaba yo. Y yo no tenía ningún documento que probara que yo era quien yo decía que era.”


Finalmente, llegó a Estocolmo donde la SAC se encargó de ella. Busqué a la SAC y allí Rudolf Berner y Axel Österberg me reconocieron pues no habíamos conocido en Barcelona. La SAC se encargó de encontrarme una familia con la que vivir mientras se aclaraba el paradero de mis padres.


Los primeros meses vivió en casa de Einar Stråhle y su familia en Gröndal. Einar Stråhle era un anarcosindicalista activo que estaba muy comprometido en la lucha contra el nazismo. Con el tiempo dieron con el paradero de sus padres. Habían sido internados en un centro de acogida para refugiados en Bergslagen. SAC hizo gestiones para que fueran liberados y finalmente, Einar Stråhle como ”garantía” fueron liberados del centro y la familia pudo finalmente reunirse. Los Götze se integraron en la SAC. Junto a su mare Elly acompañó a Federica Montseny cuando visitó Suecia y recuerda multitud de anécdotas tanto de ella como de otros anarquistas españoles que pasaron por su casa. Una anécdota que contamos mucho en la familia tiene a García Oliver de protagonista. “Estando él en Suecia un conocido le mostró orgulloso el nuevo apartamento que había alquilado. Los pisos se distinguen por su funcionalidad y su pequeño tamaño. Cuando le había mostrado el comedor-cocina, la sala de estar-dormitorio y el baño. García Oliver le dijo 'Bien. Muy bonito ¿pero dónde están las habitaciones?'”




Annemarie Ferdinand Götze junto al escritor sueco Stig Dagerman




Annemarie conoció a Stig Dagerman en una de las reuniones de la SUF, la organización juvenil de la SAC. Stig se mudó a la casa de los Götze y después de casarse se mudaron a Sundbyberg donde nacieron sus dos hijos Reneé y Rainer. Juntos siguieron activos en la SAC hasta que esta dejó de formar parte de la AIT.




Sundbyberg 1943. Desde la izquierda: Ester Jansson, Ferdinand Götze, Annemarie Dagerman, Egon Dagerman, Stig Dagerman, Helmer Jansson y Elly Götze. 



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