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miércoles, 16 de octubre de 2013

DIVAGANDO - GIOCONDA BELLI

La esclava, Julio Romero de Torres
Me preguntan insistentemente en las entrevistas sobre la literatura femenina. ¿Usted escribe literatura femenina? ¿Qué es la literatura femenina? me pregunto yo. Siempre he despreciado esa calificación. Hay algo despectivo en ella, algo de sub-cultura, sub-género, o es como si las mujeres viviéramos en otro mundo, tuviéramos vidas tan diferentes a las de los hombres que al escribir sobre ellas estuviésemos escribiendo sobre otro universo. 

Cuando leo literatura masculina, anoto: los hombres usan más referencias geográficas, marcas, intertextos de lecturas diversas, citas célebres, hablan del amor como cualquiera pero usualmente lo tratan como condimento, no como plato fuerte, pero claro, estoy generalizando. Hay sus excepciones, pero sí hay una ironía, un disimulo cuando hablan del amor, como si fuera más debilidad que fuerza. Las mujeres lo tratamos en serio. ¿Será que a las mujeres nos obsesiona? Los hombres no hablan de la vida cotidiana más que como usuarios del mundo y sus entornos. Nosotras, que creamos ese mundo cotidiano, hablamos de cómo lo creamos y lo mucho que nos envenena o consuela tener que crearlo a diario: la casa, los hijos, los mandados. ¿Será eso lo que hace la literatura femenina? ¿Será que no filosofamos o lo que quieren decirnos es que lo práctico nos absorbe el seso y no nos queda mucho más para las grandes preguntas? A la hora de la muerte, ¿será que nosotras nos preocupamos por el lugar de la vela, el café negro que hay que darle a la gente, el luto, la ropa que usará el muerto? Y a la hora de un crimen, más que el arma mortal, nos preocupa lo que sucederá con la familia, quién dará la mala noticia, quién lavará la sangre que quedó en el piso o la acera?

¿Y lo erótico? Desde que escribí cómo me sentía yo o cualquiera de mis personajes femeninos haciendo el amor, me convertí en la “poeta erótica”, la novelista “erótica”. He escrito de todo: novela comprometida, histórica, futurista, arcaica, mítica, pero como en la vida la gente hace el amor y mis personajes son gente que lo hace de vez en cuando en el transcurso de una historia porque bueno…suele suceder que se hace el amor en la vida  (¿o no?), resulta que eso me marca como algo fuera de lo común, le da a mi literatura un “sello” especial. Una vez hasta me preguntaron “si escribía de sexo para vender” a pesar de que empecé a escribir desde mi cuerpo sin jamás pensar que vendería un poema. ¿Le preguntarán a Vargas Llosa si escribió  el “Elogio de la madrasta” para vender?  No creo.  Esas etiquetas: erotismo, literatura femenina parece que le son necesarios a los analistas o periodistas cuando se topan con una mujer que escribe.

Estas y otras cosas son preguntas que me hago a veces cuando me canso de los moldes. Yo quisiera romperlos todos. Me resisto a que quieran meterme en una suerte de tabla periódica de los elementos y nombrarme Mn (¿mujer, ente desconocido?) como si ser mujer, pensar y escribir sólo pudiera formularse como un extraño compuesto químico.

¡Rayos! Acaba de caer un rayo sobre el Valle Ticomo. ¿Se molestaría el de arriba por lo que estoy escribiendo?


GIOCONDA BELLI, Poeta y novelista nicaragüense nacida en Managua en 1948.
Junto a Ernesto Cardenal y Claribel Alegría, inició la renovación de la poesía en su país. Un marcado acento erótico impregna buena parte de su obra, aunque la última producción denota una gran preocupación por los cambios políticos de su patria.


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