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jueves, 29 de agosto de 2013

LA MUJER ROTA - FRAGMENTOS


Simone de Beauvoir
- ¿Qué hacer cuando el mundo se ha descolorido? No queda más que matar el tiempo

- La perpetua juventud del mundo me corta el aliento. Cosas que amaba han desaparecido. Muchas otras me han sido dadas.

- Los libros me salvaron de la desesperación; eso me persuadió de que la cultura es el más alto de los valores, y no logro considerar esta convicción con mirada crítica.

- Conozco a esas jóvenes "a la moda". Tienen una vaga profesión, pretenden cultivarse, hacer deportes, vestirse bien, mantener impecable su departamento, educar perfectamente a sus hijos, llevar una vida mundana, en una palabra, éxito en todos los planos. Y no tienen verdadero interés por nada. Me hiela la sangre.

- ¿Qué significa amar, para él, hoy día?

- Ya no me quedaba nadie más que André a quien, justamente, no tenía. Nos creía transparentes el uno para el otro, unidos, soldados como hermanos siameses. Se había desligado de mí, me había mentido: volvía a encontrarme sobre esta banqueta, sola. A cada segundo, al evocar su rostro, su voz, atizaba, un rencor que me devastaba. Como en esas enfermedades en las que uno se forja su propio sufrimiento, cada inspiración desgarra los pulmones y sin embargo uno está obligado a respirar.

- ¿Continuará  por esta pendiente? Cada vez más indiferente... No quiero. Llaman indulgencia, sabiduría, a esta inercia del corazón: es la muerte que se instala en nosotros. No todavía, no ahora.

- Ya sé. En mi juventud se me dijo tanto que esta equivocada, tener razón me costó tanto, que rechazo equivocarme.


- ¿Qué nos sucedía? En nuestra vida había habido disputas, pero por razones serías [...] Hay que decir también que antes teníamos en la cama reconciliaciones fogosas; en el deseo, la turbación, el placer, los rencores inútiles quedaban calcinados; nos volvíamos a encontrar uno frente al otro, nuevos y alegres. Ahora estábamos privados de ese recurso.

- Conservar vitalidad, alegría, presencia de espíritu es permanecer joven. Por lo tanto, la parte que le toca a la vejez es rutina, la morosidad, la chochez. No soy joven, estoy bien conservada, es muy distinto. Tomé somníferos y me metí en la cama.

- Siempre me negué a enfocar la vida a la manera de Fitzgerald, como un "proceso de degradación". Pensaba que mi relación con André no se alteraría jamás, que mi obra no cesaría de enriquecerse, que Philippe se parecería cada día más al hombre que yo había querido hacer de él. ¡Qué ilusión! La expresión de Sainte-Beave es más verdadera que la de Valéry: "Uno se endurece por partes, se pudre en otras, jamas madura".

- Mi primer encuentro con la muerte, cómo lloré. Después lloré cada vez menos: mis padres, mi cuñado, mi suegro, los amigos. Tambipen eso es envejecer. Tantos muertos detrás de uno, echados de menos, olvidados. A menudo, cuando leo el diario, me entero de una nueva muerte: un escritor querido, una colega, un viejo colaborador de André, uno de nuestros camaradas políticos, un amigo perdido de vista. Uno debe sentirse extraño cuando queda, como Manette, como el único testigo de un mundo abolido.


- Es cierto que la historia de la humanidad es hermosa --dijo André--. Lástima que la de los hombres sea tan triste.

- Nunca seríamos dos extraños. Uno de estos días, mañana quizá, nos reencontraríamos puesto que mi corazón ya lo había encontrado.



(Fragmentos del libro de Simone de Beauvoir "La mujer rota")


1 comentario:

José Valle Valdés dijo...

Muchas gracias por compartírnoslo, amiga.

Beso

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