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sábado, 16 de marzo de 2013

EDVARD MUNCH - EL PINTOR QUE DISECCIONABA ALMAS


ENFERMEDAD, LOCURA Y MUERTE, FUERON LOS ÁNGELES NEGROS QUE VELARON MI CUNA AL NACER...

Autorretrato
Edvard Munch (1863-1944)

El pintor noruego Edvard Munch es considerado un precursor de la tendencia expresionista en el arte moderno. En Alemania y Europa Central Munch fue reconocido pronto como un innovador trascendental, y en el resto de Europa y el mundo entero es cada vez más apreciado. Sus obras más conocidas son las de la década de 1890, pero su producción posterior llama cada vez más la atención, y parece inspirar particularmente a los pintores actuales.

Edvard Munch pasó su infancia y adolescencia en la capital de Noruega, que por entonces se llamaba Cristianía (hoy, Oslo).


En su juventud, Edvard Munch vivió con su familia en un barrio humilde de la capital, en condiciones materiales por debajo de su rango social. El padre era un médico castrense profundamente religioso y con ingresos modestos. Cuando Munch tenía sólo cinco años, murió su madre de tuberculosis. De la misma enfermedad moriría su hermana Sophie a los quince años de edad, en 1877. Munch estuvo enfermo con frecuencia. Enfermedad, muerte y dolor son motivos frecuentes en su obra. De su estado emocional sabemos por los escritos del momento:

Y estoy viviendo con la muerte… todos los recuerdos, las cosas más pequeñas siguen emergiendo.
Un ave de presa está desgarrando mi alma 
Sus garras destrozan mi corazón 
Su pico hurga en mi pecho
Y el batir de sus alas oscurece mi juicio. 



Agonía, 1898


Melancolía,  (Laura) 1899

Cenizas

Melancolía

Celos

El baile o la danza de la vida

En su diario "Un poeta loco", dejaría escrito: "Del mismo modo que Leonardo da Vinci había estudiado la anatomía humana y diseccionado cuerpos, yo intentaba diseccionar almas".
Por ello, los temas más frecuentes en su obra fueron los relacionados con los sentimientos y las tragedias humanas, como la soledad (Melancolía), la angustia (El Grito, tal vez su mejor obra), la muerte (Muerte de un bohemio) y el erotismo (Amantes, El beso). Se le considera precursor del expresionismo, por la fuerte expresividad de los rostros y las actitudes de sus figuras, además del mejor pintor noruego de todos los tiempos. 


Muerte en la habitación de la enferma

El tema de la muerte está presentado de modo muy teatral en Muerte en la habitación de la enferma (1894-1895), cuadro basado en la propia experiencia familiar, la muerte de Sophie, la hermana mayor; en el grupo de la derecha, la figura que nos mira directamente, implicando al espectador, es Inger, y él mismo se pinta, de perfil.

Vampiro

Munch describiría así su visión de la mujer
como un ser que absorbe la energía de su amante:
"Y él apoyó su cabeza en el pecho de ella:
sintió el correr de la sangre por sus venas,
oyó el batir de su corazón.
Enterró el rostro en su regazo,
notó dos labios ardientes en su cuello,
sintió un estremecimiento helado, un deseo
escalofriante, y oprimió con violencia
el cuerpo de ella contra el suyo."



Al día siguiente

En 1885 realiza un corto viaje de estudios a París. Ese mismo año empieza la obra que abriría el camino del éxito al pintor noruego: "Niña enferma". 


Niña enferma


Amor y angustia son polos magnéticos del arte de Munch. 
En "Atardecer" (1888), introduce por primera vez el erótico drama triangular, de momento en forma discreta y realista. "Inger en la playa" (1989) muestra el talento del pintor para la descripción lírica de un estado de ánimo, acorde con la corriente neorromántica del arte pictórico noruego.

El 
drama humano alcanza con Edvard Munch las más altas cotas de expresión artística.




Noche de verano (Inger en la playa, 1889)

Además, el atardecer tiene connotaciones psicológicas, y Munch representa en sus atardeceres "retratos" donde las mejores pinceladas expresivas las consigue en el paisaje. Así, por ejemplo, los rasgos psíquicos de la hermana del artista en Noche de verano (Inger en la playa, 1889) se pueden apreciar mejor en los elementos que rodean a la figura, que en sus gestos o expresiones físicas. Más de lo mismo sucede con AtardecerLaura, la hermana del artista, de 1888, que podemos contemplar en el Museo Thyssen.

Ambos están protagonizados por sus hermanas. En el primero de ellos, Inger aparece sentada sobre unas rocas junto al mar, en actitud pensativa, vestida de blanco y con un sombrero en la mano.


Atardecer

En los dos cuadros, las figuras se encuentran a un lado, y cruzan su vista hacia el otro, hacia un lugar que no podemos ver, pero que probablemente se trate de un punto imaginario. Tiene la vista perdida, se encuentran absortas en sus pensamientos, y nada parece distraerlas.


Paisaje de primavera

La Naturaleza es para Munch todo aquello que nos rodea, es decir, tanto lo físico como lo que no podemos percibir, tanto lo concreto como lo abstracto, tanto el mar, el sol o la luna como sus misteriosas fuerzas insondables. En palabras del propio artista, La naturaleza no es sólo lo que es visible para el ojo (muestra también las imágenes interiores del espíritu), las imágenes que se hallan atrás de la vista.


El Sol I

De Thuringewald, 1905

Entre los elementos que se van a analizar, destacan el sol, la luna y el mar, pero también aparecen en la pintura de Edvard Munch otros como los árboles, los bosques, las rocas junto al mar, etc.


El Sol II



la Naturaleza fue representada por Munch en una abrumadora mayoría de sus cuadros, de una manera o de otra, fácticamente o en forma de símbolo.
El tema era muy frecuente en la pintura nórdica, con un naturalismo frío y falto de creatividad contra el que Munch se levantó, primero tratando de aplicar las técnicas impresionistas, y luego evolucionando hasta llegar a una fuerza expresiva sólo conseguida antes por Van Gogh.



Invierno en Kragerö

El sol juega un papel particularmente importante, y es que el atardecer es el ambiente que marca la escena en muchas de las obras. Ya Strindberg hablaba del mar como "devorador de soles". El propio autor teatral realizó una serie de poemas en prosa sobre Munch para la Revue Blanche, donde podemos leer:

Crepúsculo: el sol se pone, el manto de la noche
desciende, el crepúsculo transforma a los mortales en
espectros y cadáveres en el preciso instante en que
regresan a casa para envolverse en las mortajas de sus
camas y abandonarse al sueño. El sueño, esa apariencia
de la muerte que regenera la vida, esa capacidad para
sufrir creada en el cielo y en el infierno.

Por tanto, el atardecer es el momento que separa la Noche del Día, que simbólicamente asociamos con la Vida y la Muerte. 


Día de primavera en Karl Johan

Mientras estuvo en Francia percibió el cambio que se estaba produciendo en el arte, la evolución del impresionismo, que empieza a disgregarse, el paso al post-impresionismo y las distintas vías que surgen a partir de esa ruptura. En la primavera de ese año, conoce nuevos pintores y descubre la emergente corriente del simbolismo, que, más adelante, dejará fuerte impronta en su pintura. La obra que mejor lo manifiesta, pintada ese verano al volver de París, es Día de primavera en Karl Johan (1889). Obra que venderá a un zapatero a cambio de un nuevo par de botas que necesitaba, y de la que comentó:

Un día soleado de primavera escuché la música bajando por la calle Karl Johan y me llenó de alegría. La primavera, el sol, la música mezclados hacían brotar mi placer. La música aumentaba los colores. Pinté un lienzo haciendo que los colores reverberasen con el ritmo de la música, tal como los vi en aquel momento. […] Al pintar colores, líneas y formas de ese modo tan rápido, buscaba que vibraran como un fonógrafo.

Es por tanto el atardecer un momento simbólico en el cual los seres humanos cambian de aspecto, convirtiéndose en seres fantasmagóricos que sobrecogen al espectador por su falta de vida. La muerte se va abriendo hueco entre ellos, la Muerte es uno de ellos, y está presenta en cualquiera de los paseantes de la avenida Karl Johan, o en los personajes que pueblan la composición del cuadro Angustia.



Angustia, (Ansiedad)

Las enfermedades psicológicas fueron una de las constantes en la vida y en la obra de Munch, que incluso llegó a ser ingresado en un hospital para enfermos mentales. Pero hay que tener en cuenta que para el artista, la enfermedad era un motivo para pintar, y por lo tanto era algo que si perdiese, su obra se vería resentida, al faltarle el "sustento". Él mismo afirmó que "No hay sabiduría profunda sin la experiencia de la enfermedad, y la mayor salud debe alcanzarse a través de ella", entendiendo su pintura como un acto de purificación ante la amenaza de la enfermedad. 



El Grito


La experiencia que se cuenta como origen del Grito, le llega a Munch en un paseo por Ekeberg, al este de Oslo, al atardecer. El principal matadero de la ciudad estaba en esa zona, como también lo estaba el sanatorio para enfermos mentales donde Laura estaba recluida. Quizás ha ido a visitarla, no lo sabemos, pero, como nos sugiere Sue Prideaux en su biografía, el chillido de los animales del matadero bien podría haberse fundido en su mente con el griterío de los esquizofrénicos en el sanatorio. Es conocido el texto que el propio Munch escribe (en varias ocasiones, de hecho) contando la motivación que le lleva a realizar esta pintura:

Caminaba con dos amigos por la carretera; entonces se puso el sol. De repente el cielo se volvió de un rojo sanguinolento, y sentí un estremecimiento de tristeza. Un angustioso dolor me oprimía el pecho. Me detuve, me apoyé en la valla, increíblemente cansado –lenguas de fuego y sangre se extendían sobre el fiordo negro azulado y sobre la ciudad. Mis amigos siguieron caminando, mientras yo me quedaba atrás, temblando aterrorizado– y sentí el grito inmenso, infinito de la naturaleza.


Las tres etapas de la Mujer (esfinge) 1894

La relación de la belleza con la muerte también interesa a Munch, por la asociación con el sexo, que no es sino otro de los vehículos mediante el cual el hombre es asesinado por la mujer. Más tarde retomarán el tema los surrealistas comparando a la mujer con la mantis religiosa, entre otras. No es sino la evolución del mito de la femme fatale, que subyugaba a los artistas de fines del siglo XIX.



Madonna

Madonna (1894-5), tema que el artista desarrollará en múltiples versiones, sobre todo en obra gráfica, es otro motivo central: 
La mujer en pleno clímax, en el momento crucial de la concepción, momento triunfante para ella, aunque percibido como pérdida para el varón que, cumplida su misión, queda relegado al papel de consorte. El lienzo tiene un tamaño casi natural, cortada la imagen justo por el pubis, los brazos hacia atrás, la barbilla orgullosamente alzada y la cabellera flotante y desparramada, envuelta toda la figura en un cálido halo ondulante, vaporoso, y un nimbo rojizo, como una media luna, resalta su cabeza. La mirada turbia, los ojos hundidos, habituales en las pinturas de Munch. El modelo es Dagny, o más bien el recuerdo de esa mujer, que despierta en él una pasión enfermiza. En uno de sus poemas, lo interpreta el propio artista:

La pausa en que el mundo entero se detiene en su órbita/ Tu rostro encarna toda la belleza del mundo/ Tus labios, carmesíes como fruta en la sazón, se entreabren como en un gesto de dolor/ La sonrisa de un cadáver/ Ahora la vida y la muerte se dan la mano/ Se ha engarzado la cadena que une los miles de generaciones pasadas a los miles de generaciones por venir.



El Beso

El beso (1895) es otro más de los temas que va a explorar con distintas técnicas. La primera versión es un aguafuerte, posteriormente usará la xilografía, y finalmente el óleo. De hecho, creo que las versiones gráficas tienen más consistencia plástica que el óleo, salvo un lienzo en el que la pareja está colocada lateralmente junto a una luminosa ventana abierta, con el movimiento del viento entre las cortinas azuladas.


El Beso II o los amantes


Tema muy tratado, en general, por los artistas: recordemos Klimt (El beso, 1907-1908), Picasso (El abrazo, 1903), Steinlen, El beso (1895), incluso el maravilloso Beso escultórico de Rodin. En el caso de Munch, la imagen está más en la línea de Steinlen: las dos figuras están ligadas hasta el punto de formar una única forma, un único cuerpo. 


El Beso III

En todas Las versiones que hizo, la explosiva pasión amorosa; la fusión de ambos cuerpos queda patente y nos transmite el fuego erótico y la fuerza de la atracción entre los sexos.


(Parte del texto corresponde al capítulo IV del libro Edvard Munch. El alma pintada (Los años viajeros. Etapas parisina y berlinesa: 1890-1900 / 1889-1891. Segundo y tercer viaje de estudios a París) 

Fuentes:



3 comentarios:

Pedro Luis López Pérez (PL.LP) dijo...

Impresionantes y Sorprendentes Pinturas, al igual que su biografía...Una excelente Entrada.
Abrazos y besos.

INMA dijo...

Gracias amigo. También hacía tiempo que le quería dedicar un tiempito a Munch, que hasta ahora no lo había hecho. He disfrutado haciéndolo.

Te mando muchos besos y abrazos grandotes también a ti..

Susana Vela Porcile dijo...

Talento,sufrimiento,angustias,amor. Todo acaba en la belleza de sus cuadros. Simplemente genial.

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