La bella lleva el pelo en caracolillos sobre la frente, la ropa en una envoltura de objetos, miniaturas y colores, y ha hecho su hamaca de pájaros rayados y flores violeta. La bella lleva los hombros desnudos, los brazos y el torso blancos como la noche, tomados de luz de luna, y los ojos grandes, excesivos, ojos nocturnos que iluminan una nariz breve y una boca roja. La bella es Sonia de Klamery, de Anglada Camarasa.

jueves, 23 de mayo de 2013

MURIÓ GEORGES MOUSTAKI - MI PEQUEÑO HOMENAJE

El cantautor francés de origen griego Georges Moustaki falleció hoy en Niza, en la costa mediterránea de Francia, a los 79 años de edad, según ha  informado su familia.





El cantante, nacido en Alejandría, había dejado los escenarios con un último concierto en Barcelona en enero de 2009. El cantautor no pudo finalizar el espectáculo, lo que puso de manifiesto su frágil estado de salud debido a enfermedad pulmonar crónica.
Su nombre de pila era Joseph Mustacchi, pero lo cambió por el de Georges en honor a su maestro, Georges Brassens. Muchos recuerdan que alcanzó popularidad gracias a Edith Piaf, de la que fue amante. 
"He tenido una vida apasionante. Espero que lo sea hasta el final", declaró en 2011 el cantante, cuando explicó a la prensa que tenía una enfermedad pulmonar incurable que le hacía "definitivamente incapaz de cantar".
Contemporáneo de una generación de artistas que dieron a conocer la chanson française, como su maestro Georges Brassens, Jacques Brel o Serges Gainsbourg, Moustaki compuso letras de canciones para melodías que interpretaron Edith Piaf, Yves Montand, Barbara o Serge Reggiani.
El seductor y revolucionario poeta y músico se hizo mundialmente conocido a finales de los años sesenta y principios de los setenta con temas como Milord, que hizo célebre la garganta de Edith Piaf, Le facteurLa mer m'a donnéMa solitude o Le temps de vivre.
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MA SOLITUDE
Por haber dormido tantas veces con mi soledad, 
he conseguido de ella casi una amiga, una dulce costumbre. 
Ella no me deja dar ningún paso,es como una sombra fiel. 

Me ha seguido aquí y allá, en las cuatro esquinas del mundo. 
No, yo nunca estoy solo con mi soledad. 
Cuando está en el hueco de mi cama, toma todo el espacio, 
Pasamos largas noches, los dos cara a cara. 

Realmente no sé hasta donde irá esta cómplice 
Tendré que hacerme a ella o reaccionar ? 
No, nunca estoy solo con mi soledad. 

Por ella he aprendido tanto como lágrimas he derramado 
Si a veces la repudio, ella nunca me desarma. 
Y si yo prefiriese el amor de otra cortesana, 
Ella estará ahí en mi último día, mi última compañera 

No, nunca estoy solo con mi soledad. 
No, nunca estoy solo con mi soledad.

miércoles, 22 de mayo de 2013

HOY, Y NO MAÑANA - JUANA DE IBARBOUROU


Monique Passicot



He bebido del chorro cándido de la fuente.
Traigo los labios frescos y la cara mojada.
Mi boca hoy tiene toda la estupenda dulzura de una rosa jugosa, nueva y recién cortada.


El cielo ostenta una limpidez de diamante.
Estoy ebria de tarde, de viento y primavera.
¿No sientes en mis trenzas olor a trigo ondeante?
¿No me hallas hoy flexible como una enredadera?


hoy, y no mañana, ¿no ves
que la enredadera crecerá ciprés?







martes, 21 de mayo de 2013

... SOBRE CÓMO MATA EL CAPITALISMO

Todo el mundo está solo, el sistema capitalista aísla a los individuos hasta encerrarlos en un ciclo perpetuo de pensamiento negativo que puede llegar a somatizarse. 

LARISSA MORAIS

El suicidio es el fracaso de la vida individual en su vertiente social, la ruptura del nexo que une al individuo con la sociedad. Por lo que cada suicidio comporta el fracaso de una vida individual pero también el de toda la sociedad en la que vive.

No obstante, si el ser humano es eminentemente social, no lo es inevitable y necesariamente. Así, puede adoptar diferentes tipos de vida en virtud de que su libertad individual posea mucho, poco o nada. Puede elegir una vida apartada como eremita, ermitaño o anacoreta. Y es curioso que precisamente en estos casos de retiro voluntario es cuando el suicidio no tiene lugar. La mera elección de esa clase de vida implica un alto grado de autonomía psíquica y somática, por más que la sociedad y la psiquiatría se empeñen en ver patologías en lo que es sencillamente una opción de libertad. Es más, decidir una vida retirada en contacto estrecho con la naturaleza puede ser el mejor antídoto contra la idea.

(..Porque, por el contrario, si en estos tiempos abocados a la soledad ensordecedora de las grandes urbes, buscas en la vida social el re­fugio donde guarecerte de la idea suicida, te sitúas paradójicamente en un alto riesgo de fracaso. Precisamente la vida social, tal como se desarrolla hoy día, es un foco de consternación, frustración y de­ses­peración. Schopenhauer dice que el ser humano vive como una familia de puercospines  manteniendo respecto al colectivo la distan­cia precisa tanto para no pasar frío como para no pincharse. Pero hacerte sociodependiente, es decir, dependiente del trato social, es otra manera de padecer ansiedad y depresión, la principal etiología del suicidio. La sociedad actual es una fuente de continuos fracasos por muchas causas. Y no sólo por los problemas interrelacionados que genera el desempleo, sino también por el propio tedio que los estímulos repe­titivos nos procuran...)


El grito, Edvard Munch, es una genial manifestación de angustia.

Pues bien, en lugar de corregir los organismos e instituciones de la sociedad actual en lo posible las causas del suicidio que son de su competencia: desempleo, desarraigo, inestabilidad… sólo tratan de atajar los efectos causados a base de pastillas. Ambos, organismos e instituciones, se resisten a reconocer su fracaso, y a todo trance quieren que el individuo siga viviendo aunque se arrastre. El propio empeño es la prueba del fracaso. Pero ¿por qué ese empeño? Porque la sociedad (sus instituciones y sus "expertos") saben que, tal como está organizada, y más en las grandes ciudades donde se concentra la mayoría de la población abocada al suicidio, es más una jungla abandonada a su suerte que un centro de vida gratificante. Hace como esa religión que considera culpables a sus prosélitos sólo por el mero hecho de haber nacido, que sólo pueden redimirse por el arrepentimiento y la confesión. Respecto al suicidio, la sociedad capitalista (el sistema, las leyes, los gobiernos) se muestran incapaz de ofrecer a toda su ciudadanía una vida digna, dando lugar a bolsas de vida indigna en los dos extremos: ricos que se hastían de su horrible ocio, desempleados sin esperanza, y temblorosos de perder el trabajo y el sustento para ellos y su prole.

En todo caso el suicidio es la disposición libre de la vida y de la muerte: el culmen de la libertad no sujeta ni a prejuicios morales, ni religiosos; exenta de todo convencionalismo social y de toda traba que no sea la que, unida al instinto de conservación, no brote de uno mismo.


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