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martes, 26 de julio de 2016

STENDHAL - FRAGMENTOS DE "ROJO Y NEGRO"


"El amor es una bellísima flor, pero hay que tener el coraje de ir a recogerla al borde de un precipicio".






"Rojo y Negro"(fragmentos)



" Una o dos veces, durante aquella escena, la señora de Renal estuvo a punto de sentir algo de simpatía por la desgracia real de aquel hombre que, durante doce años, había sido su amigo. Pero las verdaderas pasiones son egoístas. Además, estaba esperando a cada instante que él le confesara haber recibido también una carta anónima el día anterior y aquella confesión no llegó.

Faltaba para que la señora de Renal se sintiera completamente segura, conocer qué ideas habían podido sugerir al hombre de quien dependía su suerte. Porque, en provincias, los maridos son los dueños de la opinión. Un marido que se queja de haber sido engañado se cubre de ridículo, pero su mujer, si él no le da dinero, tendrá que trabajar de obrera a quince sueldos al día y eso, si tiene suerte, ya que las personas "decentes" sentirán escrúpulos y no querrían darle trabajo. 

Una odalisca, en el harén, tiene que amar al sultán a la fuerza; es todopoderoso y ella no puede quitarle su autoridad mediante toda una serie de pequeñas finezas. La venganza del amo es terrible, sangrienta, pero también militar y generosa: una puñalada acaba con todo. "


***


"Fiel a su promesa, no se había extinguido el eco de la última, cuando extendió el brazo y se apoderó de la mano de la señora de Renal, que ésta retiró en el acto. Julián, sin saber ya lo que hacía, la asió de nuevo. No obstante su perturbación, su extravío mental, observó que aquella mano parecía de hielo. La mano intentó escaparse una vez más; Julián la retuvo con fuerza convulsiva, y al fin consiguió que aquella quedase entre la suya.


Sintió que en su alma penetraban oleadas de placer, no porque amase a la señora de Renal, que no cabía en su corazón sentimiento tan dulce, sino porque la realización de su empeño había hecho cesar el suplicio atroz que lo torturaba. Creyóse obligado a hablar, a fin de que la señora Derville no se enterase de lo que pasaba, y su voz, entonces, fue sonora y vibrante. En cambio, la de la señora de Renal reveló tanta emoción, que su prima, creyéndola indispuesta, le indicó la conveniencia de recogerse en sus habitaciones. Julián se dio cuenta del peligro que lo amenazaba.
"Si la señora de Renal se retira ahora al salón -se dijo-, vuelvo a la horrible situación que me ha martirizado todo el día. Su mano ha permanecido demasiado poco tiempo unida a la mía para que constituya una ventaja positiva y durable".


En el momento que la señora Derville proponía por segunda vez la entrada en el salón, Julián oprimió con fuerza la mano que asía.


La señora de Renal, que se había levantado ya, volvió a sentarse, diciendo con voz desfallecida:


-Me encuentro un poquito indispuesta, es verdad, pero creo que el aire me sentará bien.


Estas palabras confirmaron la dicha de Julián, que, en aquellos instantes, era infinita. Habló, olvidó el fingimiento y consiguió que las dos damas lo escucharan extasiadas y lo tomasen por el hombre más amable del mundo".


***


"Como puede verse, Julien no tenía la menor experiencia de la vida, ni siquiera había leído novelas; si hubiera sido un poco menos torpe y hubiese tenido la suficiente sangre fría para decirle a aquella joven a quien tanto adoraba y que tan extrañas confidencias le hacía: «Confiese usted que, aunque yo no valga tanto como esos señores, sin embargo es a mí a quien usted ama». Es posible que ella se hubiese sentido feliz al verse comprendida; por lo menos, el éxito hubiera dependido exclusivamente de la gracia con que Julien expresara esta idea y del momento que eligiera para ello. En todo caso, habría salido ventajosamente de una situación que corría el riesgo de resultar monótona a los ojos de Mathilde.

- ¡Usted ya no me ama, y yo la adoro! -le dijo Julien un día, tras un largo paseo, loco de amor y de sufrimiento.

Era quizá la mayor torpeza que podía cometer".




Henri-Marie Beyle, más conocido por su seudónimo de Stendhal y sobre todo por sus novelas Rojo y negro y La cartuja de Parma, nació en Grenoble el 23 de enero de 1783

Su padre Chérubin Beyle, era abogado en la Audiencia Provincial. Quedó huérfano de madre en 1879, cuando contaba sólo con siete años. Su padre, que se encargó junto a su tía de su educación, fue encarcelado en 1794 durante el Terror por su defensa de la monarquía. Rechazó sin embargo las virtudes monárquicas y religiosas que le inculcaron y expresó pronto la voluntad de huir de su ciudad natal. Abiertamente republicano, acogió con entusiasmo la ejecución del rey y celebró incluso el breve arresto de su padre.

En 1839 viajó a Nápoles acompañado por su amigo Prosper Mérimée. En 1841 tuvo un primer ataque de apoplejía y regresa a París. El veintidós de marzo de 1842, sufre un nuevo ataque en plena calle. Trasladado a su domicilio, muere en la madrugada del 23 sin haber recuperado el conocimiento. Es enterrado al día siguiente en el cementerio de Montmartre.


***

La novela de Stendhal fue publicada en el año 1830 y es actualmente catalogada como modelo de la novela psicológica. La narrativa de Rojo y negro es excelente, y el libro ocupa un sitial privilegiado dentro de lo que es la tan bien valorada novela francesa. 







La trama gira en torno a los esfuerzos que hace su protagonista, Julian Sorel, por escapar de la realidad en que vive desde su infancia marcada por la pobreza, y seguir sus ideales de ambición y fortuna. Como es hijo de un carpintero de la Francia de finales de 1800, sus cualidades intelectuales son despreciadas; pero él es el único entre sus hermanos que no soporta el rudo trabajo físico. 

Así, Sorel se vuelve un hábil demagogo, que dice y hace ver a la gente lo que sencillamente la gente quiere escuchar y ver. El joven aprende a codearse con la burguesía batiéndose a duelo entre sus emociones, su entrañable admiración a Napoleón y sus ínfulas de superioridad. 

Considerada a veces demasiado melodramática para los gustos literarios modernos, Rojo y negro es una obra importante en la evolución de la novela como forma artística. 

Por una parte, se trata de una historia muy en la línea de la tradición romántica, Sorel puede mostrarse deshonesto y pícaro al perseguir sus ambiciones, sin embargo, comparado con una sociedad francesa aburguesada, mezquina y opresora, su energía y su atrevimiento acaban por atraer al lector a una complicidad. 

Pero es el estilo narrativo de Stendhal lo que ha hecho de esta novela una obra tan influyente. El relato está narrado desde el punto de vista de cada uno de los personajes; ese realismo psicológico tan convincente fue lo que llevó a Emile Zola a declararla la primera novela verdaderamente "moderna". 

Solo por esa razón, sin olvidar que se trata de una fantástica lectura, ya merece ocupar un lugar en la biblioteca de cualquier lector. El título del libro alude a los colores de los uniformes del ejército, rojo, y de los sacerdotes, negro.





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