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sábado, 13 de diciembre de 2014

GUSTAVE MOREAU - PINTOR PRECURSOR DEL SIMBOLISMO (AMBIENTACIÓN MITOLÓGICA)


Gustave Moreau (París-1826/París-1898), formado en el Romanticismo y con un profundo conocimiento de los pintores italianos del Renacimiento, desarrolló un estilo personal con el que se anticipó al simbolismo francés de finales del siglo XIX. 

Desde el punto de vista pictórico configuró un estilo muy libre. Modificó la técnica académica, trabajó el pigmento con texturas muy gruesas, por lo que la superficie resulta irregular. Practica cortes bruscos de color. En algunos fragmentos casi se ve un antecedente de la abstracción por su pincelada y uso del color. 




Algunas características que pueden considerarse generales en sus obras son:

Pintura de corte literario, recreando mundos orientales como Bizancio o Persia. 
Presencia de lo amenazante, hay tensión y angustia. 
Ambientación mitológica. 
Técnica audaz. 

El término simbolista procede del ámbito literario. El primero en utilizarlo fue el poeta Jean Moréas en 1885 en su "Manifiesto Simbolista" y posteriormente se aplicó a la nueva pintura ya que las intenciones de los poetas y los pintores eran semejantes.

El Simbolismo es un movimiento literario y de artes plásticas que se originó en Francia en la década de 1880, paralelo al post-impresionismo, y que surgió como reacción al enfoque realista implícito en el Impresionismo. Tanto el Impresionismo, como el idealismo y el naturalismo académico se habían identificado con los problemas contemporáneos, políticos, morales e intelectuales.

Los artistas de 1885 disgustados por la incapacidad de la sociedad para resolver estos problemas buscaron nuevos valores basados en lo espiritual. Desean crear una pintura no supeditada a la realidad de su momento, rechazan lo que trae consigo la vida diaria, la aglomeración, la actividad industrial y la degradación.

Prestan especial atención a la forma, pero la ponen al servicio de unos ideales que van más allá de la pura apariencia. Plasman sus sueños y fantasías por medio de la alusión al símbolo y a una rica ornamentación. A veces utilizan colores fuertes para resaltar el sentido onírico de lo sobrenatural. Puede decirse que es una pintura de ideas, sintética, subjetiva y decorativa. Los precursores de esta nueva pintura son Gustave Moreau, Puvis de Chavannes y Odilon Redon. 

El artista simbolista buscará el arte por el arte, la plasmación de la belleza que sublime la muerte, la enfermedad, lo grotesco, lo demoníaco, lo feo. Busca, como referentes, períodos decadentes de las antiguas civilizaciones romana y bizantina. Desea apartarse de la realidad que no le gusta, que es burda, cotidiana, débil, enferma. Tenderá hacia lo espiritual y ello le llevará al estudio de fenómenos sobrenaturales, de lo diabólico y satánico, de lo hermético, de la magia y el ocultismo.






La aparición 1874-1876. Forma parte del ciclo de las pinturas dedicadas a Salomé, mujer fatal, símbolo de la mujer atractiva, decadente y perversa que lleva a la perdición al hombre, a su muerte. Se conecta con la relación apasionada entre Amor-Muerte. Se reconstruyen atmósferas densas que recuerdan a Rembrandt. 

La obra de Moreau está a caballo entre el Romanticismo y el Simbolismo. Aunque es frecuente incluir a Moreau en la nómina de los pintores simbolistas, su obra se anticipó en varias décadas a la proclamación oficial del movimiento por Jean Moréas en 1886. 

En las primeras obras de Moreau son destacables las influencias de Ingres, en el tratamiento de la anatomía, especialmente masculina, y de Delacroix, en cuanto a la elección de temáticas exóticas, a través de su mentor Théodore Chassériau, quien había sido discípulo de ambos.

Con el tiempo, la obra de Moreau va concediendo menor importancia a la línea y más al colorido. De su última etapa, se conserva en el museo Moreau una serie de acuarelas que la crítica contemporánea considera muy próximas a la abstracción. 

En 1891 sucedió a su amigo Elie Delaunay, tras su fallecimiento, como profesor en la Escuela de Bellas Artes de París. Desde 1891 hasta su muerte, Moreau fue profesor de varios futuros artistas, entre los que se cuentan pintores tan célebres como Henri Matisse, Albert Marquet y Georges Rouault, entre otros. 

Puede considerarse precursor del Simbolismo. Su influencia es decisiva en artistas emblemáticos del movimiento como Odilon Redon.

Su obra posee una textura onírica que hizo que fuese revalorizada, ya en el siglo XX, por los surrealistas. 



Obras más conocidas suyas:






Hércules y la Hidra de Lerna (1876). Moreau representa, muy a su estilo, una de las hazañas del héroe mitológico. La Hidra, engendro de muchas cabezas, asolaba la región de Lerna. El poderoso Hércules, para cumplir con uno de sus trabajos, tenía que vencer a tan temible monstruo. De inicio, Hércules combate sin éxito ante la bestia. Al final y con el auxilio de su amigo Yolao, el héroe logra abatir a la Hidra. Posteriormente, Hércules aprovecha para mojar sus saetas con el veneno de la sangre del monstruo vencido. 




Edipo y la Esfinge (1864), representa el enfrentamiento entre el joven tebano y el monstruo de cabeza femenina de quien nadie lograba escapar vivo a sus enigmas. 


Edouard Schuré le dedicó estas líneas en su libro "Précurseurs et révoltes" de 1904:


"Apoyado en su lanza, la espalda en la roca, un pie al borde del abismo, el atleta pensador, delgado y musculoso, está en coloquio con la Esfinge. Pues es una Esfinge hembra la que ha concebido la leyenda tebana. Se ha subido a él". 


Sus garras traseras se enganchan a sus muslos, sus garras delanteras surcan su pecho. Su grupa de leona se arquea, sus dos alas se yerguen, su seno de mujer apunta al corazón del héroe, y su perfil fugitivo, irónico, agresivo, le interroga, le plantea la cuestión. Lleva una corona. Pues, desde tiempos inmemoriales, la Naturaleza temible, seductora, insondable, es la reina del hombre. De todos aquellos a los que ha dicho "¿cuál es la palabra de mi enigma?", nadie ha sabido responder. 

A todos les ha destrozado y han caído al abismo. Pero Edipo, a su máscara terrible, a su mirada aguda, responde: "¡La palabra de tu enigma es el hombre, soy yo! Yo te llevo en mí mismo con un dios además: mi conciencia y mi voluntad. Con este dios te mido desde la grupa a la cabellera y desde los ojos al fondo de las entrañas". 

Y la Esfinge, vencida por el Hombre, no tiene más que arrojarse a su abismo. Así la Naturaleza, penetrada en la jerarquía de sus fuerzas, es vencida por el Hombre que la resume y la sobrepasa con el pensamiento. He aquí lo que dice Edipo de Moreau con la limpidez incisiva de un bajorrelieve antiguo". 



Samson y Dalila 


Salomé bailando la danza de los siete velos ante Herodes 


Kleopatra 

Desdémona 

Salomé (detalle) 

Dalila 

Hesíodo y su musa 

Prometeo, 1.868. 

El retorno de los Argonautas 



Parte del texto e imágenes:


http://aura-archangemaudit.blogspot.com.es/
http://www.arteespana.com/simbolismo.htm



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