A trabajos forzados me condena
mi corazón, del que te di la llave.
No quiero yo tormento que se acabe,
y de acero reclamo mi cadena.
Ni concibe mi mente mayor pena
que libertad sin beso que la trabe,
ni castigo concibe menos grave
que una celda de amor contigo llena.
No creo en más infierno que tu ausencia.
Paraíso sin ti, yo lo rechazo.
Que ningún juez declare mi inocencia,
porque, en este proceso a largo plazo
buscaré solamente la sentencia
a cadena perpetua de tu abrazo...
mi corazón, del que te di la llave.
No quiero yo tormento que se acabe,
y de acero reclamo mi cadena.
Ni concibe mi mente mayor pena
que libertad sin beso que la trabe,
ni castigo concibe menos grave
que una celda de amor contigo llena.
No creo en más infierno que tu ausencia.
Paraíso sin ti, yo lo rechazo.
Que ningún juez declare mi inocencia,
porque, en este proceso a largo plazo
buscaré solamente la sentencia
a cadena perpetua de tu abrazo...







Simpática fábula del argentino Sebastián Borenzstein, que debutó con La suerte está echada, que tiene como protagonistas a Roberto, un ferretero maniático compulsivo, de vida tan ordenada como solitaria, y Jung, un chino desvalido en busca de su tío en el gran Buenos Aires, al que el primero acoge en su tienda como un perro abandonado mientras busca al familiar que se haga cargo de él. La convivencia forzosa entre los dos hombres, las diferencias culturales y el desconocimiento del idioma por parte del oriental dan lugar a una serie de situaciones cómicas en las que Ricardo Darín se siente a sus anchas y tiene una correcta réplica en Huang Shen Huang, un debutante oriental.